Un legado de medio siglo
Llegar a las Bodas de Oro no es solo una cuestión de acumular años; es la prueba de una resistencia admirable. Hace cinco décadas, este colegio nació como un sueño de padres y vecinos que entendieron que la única herramienta verdadera para el progreso de Santa Lucía era la educación.
Desde entonces, por nuestras aulas han pasado generaciones de jóvenes que hoy son profesionales, ciudadanos íntegros y padres de familia que siguen confiando en nosotros. Bajo el nombre de nuestro epónimo, el gran pensador José Carlos Mariátegui, hemos mantenido viva la premisa de que "la educación no es solo una instrucción, sino una formación para la vida".
A los protagonistas de esta historia
A mis colegas docentes: Ustedes son los arquitectos de este prestigio. Gracias por su paciencia, por caminar junto a sus alumnos y por sembrar curiosidad donde antes había dudas.
A los estudiantes: Ustedes son la razón de nuestro esfuerzo. Miren a su alrededor y sientan orgullo. Están en un colegio que tiene historia, que tiene identidad. No tengan miedo de aspirar a lo más alto; el mundo es grande, pero sus raíces aquí son fuertes.
A los exalumnos: Verlos retornar hoy, con sus vidas encaminadas, es nuestro mayor trofeo. Ustedes llevan el sello mariateguino allá donde vayan.
¡Viva la I.E.S. José Carlos Mariátegui!
La Subdirección es el corazón que late en el patio, en los pasillos y en cada una de nuestras aulas.
Medio siglo de vida institucional significa miles de horas de clase, miles de exámenes corregidos y, sobre todo, miles de sueños acompañados. En estos 50 años, nuestra labor no ha sido solo impartir conocimientos de matemáticas o comunicación; nuestra verdadera misión ha sido templar el carácter de la juventud de Santa Lucía.
Hemos visto a niños entrar con temor el primer día de secundaria y salir cinco años después convertidos en jóvenes líderes, listos para transformar su realidad. Ese es el milagro cotidiano que celebramos hoy.
A mis colegas docentes: conozco de cerca su sacrificio. Sé lo que significa planificar bajo la luz de la lámpara y buscar nuevas formas de motivar a nuestros alumnos. En estas Bodas de Oro, les pido que renovemos ese pacto de entrega. Sigamos siendo ese ejemplo de ética y trabajo que nuestros estudiantes necesitan ver.
A ustedes, estudiantes: las paredes de este colegio han escuchado las risas y los anhelos de sus padres y quizás hasta de sus abuelos. Ustedes son los herederos de una tradición de esfuerzo. Aprovechen cada minuto en sus carpetas; el conocimiento es la única riqueza que nadie podrá quitarles jamás.
Quiero agradecer también a las familias. Sin su confianza, la labor de esta subdirección sería imposible. Gracias por permitirnos ser parte de la crianza de sus hijos.
¡Viva la I.E.S. José Carlos Mariátegui!